Esta es la particularidad de este eclipse y la que más gente va a pasar por
alto: la totalidad ocurre con el Sol a 7,1 grados sobre el
horizonte, a 43 minutos de que se ponga.
Siete grados es poco más que un puño con el brazo estirado. Cualquier cosa que
haya hacia el oeste-noroeste puede tapar el espectáculo entero: una nave, una
hilera de chopos, un cerro, la ladera de enfrente. Y a diferencia de un
eclipse a mediodía, aquí no hay margen: no puedes moverte diez metros y
recuperarlo.
La regla de los ocho metros
La tangente de 7,1 grados es 0,125, que es uno partido por ocho. De ahí sale
una regla que se puede comprobar el mismo día con los pies:
Por cada metro de altura de un obstáculo, necesitas ocho metros de distancia.
Un chopo de veinte metros tapa el Sol si está a menos de ciento sesenta. Una
nave de ocho, a menos de sesenta y cinco. Un cerro que se levante cincuenta
metros sobre tu posición estorba hasta cuatrocientos metros más allá.
Cómo elegir el sitio sin fiarte de nadie
El acimut de la totalidad es 283,5 grados: oeste-noroeste,
trece grados y medio a la derecha del oeste exacto. Cualquier teléfono trae
brújula. La comprobación buena no es mirar un mapa, es esta:
Ve al sitio unos días antes, a la misma hora. El 5 o el 6 de
agosto, a las ocho y media de la tarde, el Sol estará prácticamente donde va a
estar el día 12. Si a esa hora lo ves desde donde piensas colocarte, lo verás.
Si a esa hora ya se te ha escondido detrás de algo, busca otro sitio. No hay
ninguna aplicación que sustituya a esa comprobación.
Como criterio general: el valle del Henares corre de noreste a suroeste, así
que estar en el fondo del valle es exactamente lo contrario de lo que
conviene. Interesa una loma, un páramo o cualquier punto alto al este
del pueblo, mirando hacia atrás por encima de él. Y conviene tener decidido un
segundo sitio, por si el primero amanece con una nube pegada al horizonte.